| "Todo ser humano tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad"
(Art. 3º Declaración Universal de los Derechos Humanos)
La Paz, un Derecho Humano Universal
Cada día es más patente la intolerable situación de violencia en la que vivimos que, además de sembrar el dolor y el sufrimiento, provoca una degradación de los principios de convivencia que deben ser el referente fundamental de todos los pueblos. La convivencia en Paz es el principio básico y el requisito fundamental sobre el que ha de sustentarse el ejercicio de todos los demás derechos y deberes de las personas.
La Paz es, en definitiva, un derecho humano esencial. La Paz es nuestro principal objetivo, nuestra responsabilidad individual y colectiva, nuestro derecho como sociedad.
Nosotros debemos reivindicar ese derecho humano a la Paz. Reivindicarlo para nosotros y para todos los pueblos, y afirmar nuestro compromiso activo a favor de todas las iniciativas dirigidas a incorporar el derecho a la Paz.
Tenemos derecho a la paz y la obligación de construir un futuro en Paz. Un futuro en el que quepamos todos. En el que la reconciliación, la tolerancia y el respeto mutuo sustituyan al odio, a la imposición y al rencor.
La construcción de ese futuro sólo puede hacerse desde el respeto y la defensa a la persona de forma pacífica, abierta y solidaria, rechazando la violencia, reclamando el derecho a "vivir en Paz y en libertad", y a que se respete la vida y la dignidad personal de todos y cada uno de nuestros semejantes.
Esa Paz es el mejor obsequio que podemos ofrecer a las generaciones futuras. Nos corresponde, por tanto a nosotros, la responsabilidad de construir una verdadera "conciencia de Paz" para transformar un escenario de violencia y de intolerancia, en otro distinto en el que prevalezcan el diálogo, la concordia y la convivencia.
Gritemos juntos que no hay lugar para la violencia en nuestra sociedad. La Paz debe sostenerse sobre la justicia
Solamente una Paz sostenida por la justicia es coherente con la dignidad y la libertad de las personas y de los pueblos.
Nadie tiene justificado aceptar que las ideas y los credos se defiendan a costa de conculcar el derecho a la vida y la dignidad de los seres humanos. Y ninguna sociedad que pretenda ser justa puede concebirse sobre la idea de que haya miembros o colectivos de la misma cuyas creencias, desarrollados dentro de las reglas de convivencia estrictamente pacíficos, sean desautorizados y tachados de irrealizables o imposibles.
Por todo ello, el camino del diálogo resulta ser el más adecuado para desarrollar un futuro de Paz basado en la búsqueda de un proyecto común sostenido en la justicia.
El derecho a la vida, a la integridad física, a la libertad y a la no discriminación por razones ideológicas, de raza, de sexo, de religión ni de cualquier otro tipo, constituyen derechos inalienables de todas las personas. Reconocimiento y aceptación de la pluralidad
La pluralidad es un punto de partida enriquecedor, por eso es necesario abordar las discrepancias desde el diálogo, como instrumento que garantice la construcción de un futuro para todos basado en la tolerancia y el respeto mutuo.
Por este motivo: La violencia conculca gravemente los derechos básicos de las personas, supone una agresión al conjunto de la sociedad, y ataca directamente las bases de cualquier sistema de convivencia.
No podemos, ni queremos, estar condenados a vivir sin paz. La violencia es inhumana y contraria a la dignidad humana. Es fuente de dolor y semilla de odio. Rotundamente queremos afirmar con Mahatma Gandhi que "no hay caminos para la paz, la paz es el camino".
Los conflictos sólo se pueden resolver desde el diálogo, el respeto mutuo y la tolerancia.
Decálogo de Asís para la Paz
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