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Esta colección de oraciones para el Día Internacional de Oración por la
Paz proviene de una variedad de confesiones y países. Alentamos su libre
utilización, tomando nota de la información relativa a derechos de autor
cuando se los menciona. Por favor, citar al Consejo Mundial de Iglesias
como fuente si no se menciona otra.
Letanía por la Paz
Lector: De palabras y actos que susciten discordia, prejuicios y odio,
Todos: Líbranos, Señor.
Lector: De recelos y temores que se interpongan en el camino de la
reconciliación,
Todos: Líbranos, Señor.
Lector: De creer y propagar falsedades sobre otros pueblos o naciones,
Todos: Líbranos, Señor.
Lector: De la indiferencia cruel al clamor de los hambrientos y los sin
techo,
Todos: Líbranos, Señor.
Lector: De todo cuanto nos impida realizar tu promesa de paz,
Todos: Líbranos, Señor.
Lector: Líbranos de nuestra aflicción [brokenness], te lo pedimos, Señor,
Todos: Y por tu gracia y tu presencia sanadora dirígenos a ti…
Lector: A las aguas tranquilas y las verdes praderas,
Todos: Oh Dios creador, dirígenos.
Lector: A la libertad y el perdón que encontramos en ti,
Todos: Oh Cristo resucitado, dirígenos.
Lector: A la dura tarea de amar a nuestros enemigos,
Todos: Oh Jesús, dirígenos.
Lector: A la alegría de servir en tu nombre,
Todos: O Servidor de todos, dirígenos.
Lector: A la promesa de un nuevo cielo y una nueva tierra,
A la plenitud de la justicia,
A la fuerza de tu paz,
Todos: Oh Espíritu Santo, dirígenos ahora y en los días venideros.
Oración final: Llena, oh Dios, nuestras vidas y nuestras iglesias con la
fuerza de tu paz. Disipa nuestros temores y nuestras frustraciones con la
promesa de tu presencia. Haznos signos de tu generosidad y tu justicia.
Ilumínanos cada día con la esperanza, te rogamos, para que podamos caminar
en tu verdad y amar en tu nombre. Amén.
La siguiente oración compuesta por religiosos cristianos, judíos y
musulmanes se utilizó en muchos lugares en cultos interreligiosos en laépoca de la Guerra del Golfo en 1991:
Dios eterno, Creador del universo, no hay otro Dios más que tú.
Grandes y maravillosas son tus palabras, admirables son tus caminos.
Te damos gracias por la gran variedad esplendorosa de tu creación.
Te damos gracias por las muchas formas en que afirmamos tu presencia y
designio,
y la libertad de hacerlo así.
Perdona nuestros ataques a tu creación.
Perdona nuestra violencia contra nuestro prójimo.
Estamos sobrecogidos y agradecidos por tu amor persistente
a todos y cada uno de tus hijos:
cristianos, judíos, musulmanes,
así como a los de otras religiones.
Concede a todos y a nuestros dirigentes los atributos de los fuertes;
respecto mutuo en palabras y hechos,
moderación en el ejercicio del poder, y
la voluntad de paz con justicia para todos.
Dios eterno, Creador del universo, no hay otro Dios más que tú. Amén.
(Tomado de Current Dialogue 24/93, p.36)
La siguiente oración procede de un culto matutino del lunes en el Centro
Ecuménico:
Señor,
tú amas la justicia y estableces la paz en la tierra.
Traemos ante ti la desunión del mundo de hoy;
la violencia absurda, y las numerosas guerras
que quebrantan el espíritu de los pueblos del mundo;
la codicia humana y la injusticia,
que alimentan el odio y las contiendas.
Envía tu espíritu y renueva la faz de la tierra;
enséñanos a ser compasivos con toda la familia humana;
refuerza la voluntad de todos aquellos
que luchan por la justicia y la paz,
y danos la paz que el mundo no nos puede dar.
Todos: Amén.
Plegaria por la paz
Y al Creador de la naturaleza y del hombre,
de la verdad y de la belleza,
suplicamos:
Escucha nuestra voz,
pues es la voz de las víctimas de todas las guerras
y de la violencia entre individuos y naciones.
Escucha nuestra voz,
pues es la voz de todos los niños que sufren
y sufrirán cuando las gentes pongan su fe en las armas y en la guerra.
Escucha nuestra voz,
cuando te rogamos que infundas en el corazón de todos los hombres
la sabiduría de la paz, la fuerza de la justicia y la alegría de la
confraternidad.
Escucha nuestra voz,
pues hablamos por las multitudes de todos los países y de todos los
períodos de la historia,
que no quieren la guerra y están preparadas a caminar por sendas de paz.
Escucha nuestra voz,
y concédenos discernimiento y fortaleza
para que podamos responder siempre al odio con amor,
a la injusticia con la dedicación total a la justicia,
a la necesidad compartiendo de lo propio,
a la guerra con la paz.
¡Oh Dios! Escucha nuestra voz y concede en todo el mundo tu eterna paz.
Que así sea...
Autor desconocido
Red Latinoamericana de Liturgia
www.selah.com.ar/red
Oración por la paz de la tradición franciscana del Padre Giovanni
Battistelli, Custodio de Tierra Santa
Señor, hazme instrumento de tu paz.
Que donde haya odio, siembre yo amor,
Donde haya ofensa, perdón,
Donde haya duda, fe,
Donde haya desesperación, esperanza,
Donde haya oscuridad, luz,
Donde haya tristeza, alegría.
Maestro divino, concédeme que yo pueda buscar
no tanto ser consolado como consolar,
ser comprendido como comprender,
ser amado como amar,
porque es dando como recibimos,
es perdonando como somos perdonados,
y es muriendo como nacemos a la vida eterna. Amén.
Oración de Su Eminencia Arzobispo Dr. Anba Abraham Patriarcado Ortodoxo
Copto – Santa Sede de Jerusalén y Cercano Oriente
Señor Dios Todopoderoso, elevamos a ti nuestros corazones para pedirte
piedad. Mira a tus hijos en el tumulto de este mundo agitado, lleno de
sufrimiento, dolor, depresión, persecución, violencia, rencor, odio y,
sobre todo, injusticia. Señor, ten piedad de nosotros.
Concede tu paz a nuestra ciudad, la ciudad de la paz, que tanto ha sufrido
y sufre todavía de los males de las guerras.
Recuerda, Señor, a todos los que son perseguidos y torturados;
defiéndelos. Recuerda a los afligidos; consuélalos. Hogares para los sin
techo, pronta recuperación para los enfermos, y arrepentimiento para los
pecadores. Guía a los dirigentes mundiales para que sean justos y
comprensivos.
Oramos por que la justicia y la paz prevalezcan en todas partes. Dios
Padre nuestro, concédenos la paz –no la del mundo– sino tu paz celestial
perdurable que nos prometiste en lo profundo de nuestros corazones. Danos
capacidad para perdonar y olvidar y llena nuestros corazones con amor a
todos por la gloria de tu santo nombre. Amén.
Oración de Su Eminencia Arzobispo Mar Swerios Malki Mourad Iglesia
Ortodoxa Siria de Jerusalén y Tierra Santa
Del Tesoro Espiritual en el Devocionario Canónico
12 – Súplica al Espíritu Santo
Divino Consolador, Espíritu de Verdad, tesoro de bondad y fuente de vida;
tú que repartes dones y dispensas favores divinos, ven a habitar en
nosotros y límpianos de toda mancha. Señor, crea en nosotros un corazón
limpio, y renueva en nosotros un espíritu recto, así como el espíritu de
templanza y pureza, el espíritu de piedad y santidad, el espíritu de
discernimiento y fuerza, y el espíritu de conocimiento y el temor de ti,
oh Dios. Permanece con nosotros y entre nosotros, guiándonos, ayudándonos,
fortificándonos y confortándonos. Espíritu Santo, compasivo y bueno, dame
una fuente de lágrimas para que con ella pueda lavar mi corazón y
limpiarlo de su suciedad para que te agrade habitar en él. Enciende en él
el fuego de tu amor divino, y renueva y reaviva en mí el espíritu del bien
obrar, para que pueda vivir en ti por siempre jamás.
Amén.
Oración de Su Eminencia Arzobispo Abba Kewestos Iglesia Ortodoxa Etíope en
Jerusalén
En el nombre del Padre y del Hijo
Y del Espíritu Santo, un solo Dios, Amén.
Aquel que ama la vida y ve días apacibles, que refrene su lengua del mal,
y que de sus labios no salgan palabras engañosas:
Que renuncie al mal y haga el bien; que busque la paz y la consiga.
Porque los ojos del Señor están sobre el justo, y sus oídos están abiertos
a sus oraciones; pero el rostro del Señor se aparta de quienes hacen el
mal.
¿Y quién podrá haceros daño si sois seguidores de lo bueno?
Pero si sufrís por causa de la justicia, sois dichosos; y no les temáis,
ni os turbéis;
Sino santificad al Señor Dios en vuestros corazones; y estad siempre
dispuestos a responder a quienquiera os pregunte la razón de la esperanza
que está en vosotros, con mansedumbre y respeto;
Amén.
Oración de Su Eminencia Monseñor Paul Nabil Sayyah Arzobispo Maronita de
Haifa y Tierra Santa
Dios Padre de todos, te alabamos por tu creación y con tu creación. Por
amor diste el ser a todo y continúas vigilando todo el universo y
manteniéndolo con amor. Venimos a ti con plena confianza para pedir perdón
por el daño que hemos hecho y estamos haciéndonos entre nosotros y a tu
creación, en especial en los tiempos actuales y en varias partes del
mundo.
Señor Jesucristo, tú viniste a traernos paz, para que todos los pueblos
puedan tener vida, y tenerla en abundancia. Cuando nos preparamos para
revivir los acontecimientos de tu encarnación ayúdanos a recordar
vivamente que nos has llamado a ser constructores de la paz y a ayudarnos
mutuamente a alcanzar la plenitud de la vida a la que has llamado a todos
y cada uno de los seres humanos. Mira solícito a cuantos sufren por
hambre, desplazamiento, injusticia, violencia, discriminación, y a todos
los marginados en nuestras sociedades.
Para Jerusalén y toda tu tierra natal pedimos una especial bendición y
oramos por que cuantos tienen el privilegio de vivir allí puedan recordar
que son hijos de un mismo Padre que quiere que todos y cada uno de ellos
puedan disfrutar plenamente de la vida. Concede a los gobernantes, en
Tierra Santa y en cualquier parte del mundo, la sabiduría y el coraje de
hacer todo lo posible por traer una paz justa y una reconciliación
duradera. No les permitas que utilicen diferentes medidas al cuidar de tu
pueblo y de tu creación ni que justifiquen la violencia excesiva al
servicio de sus objetivos.
Espíritu Santo, Dios de Luz, ilumina a todos y cada uno de los seres
humanos, en especial a los que tienen la enorme responsabilidad de tomar
decisiones que afectan a las vidas de millones de personas en todo el
mundo, para que recuerden que la búsqueda del poder, la dominación y las
ganancias materiales nunca les dará una dicha duradera. El amor y sólo el
amor puede conducir a la felicidad y la paz verdaderas y perdurables y
llevar a toda la humanidad y a la creación entera a la plenitud de vida
dando así gloria al Creador y Padre de todos. Amén
Oración y Letanía palestina de Su Gracia Obispo Munib Younan Iglesia
Evangélica Luterana de Jordania y Palestina
"He aquí a Dios mi salvador; estaré seguro y no temeré." (Isaías 12:2)
Padre celestial, te alabamos por haber enviado a tu Hijo, Jesucristo, a
nacer en Belén para ser uno de nosotros. Cuando en esta Navidad de nuevo
te damos gracias y alabanzas por el nacimiento de tu Hijo, nos encontramos
sumidos en la violencia, el derramamiento de sangre y el odio que parecen
no tener fin. Nos sentimos desamparados frente al poder político y militar
de este mundo. Miramos en torno y no encontramos salvación en los seres
humanos, sino sólo en nuestro Señor encarnado.
Al unirnos a los pastores de Beit Sahour y a los Magos de Oriente buscando
tu salvación en el Santo Niño del pesebre, oramos por que tu presencia sea
visible y sentida entre nosotros en estos días de destrucción y muerte.
Te pedimos que limpies nuestros corazones de sentimientos de rencor y de
odio, de frustración y temor. Haz que todos nos volvamos a ti arrepentidos
y llénanos de confianza y seguridad en ti, que eres nuestra salvación.
Pedimos que todo nuestro sufrimiento nos acerque a ti, y nos haga crecer
en fe y confianza en ti, y en amor a todos nuestros vecinos.
Envía tu Santo Espíritu para que consuele a las familias sufrientes,
facilite la recuperación de los heridos y mutilados, y cambie los
corazones de todos nosotros para hacernos ver que tu voluntad en Tierra
Santa es que palestinos e israelíes convivan en justicia e igualdad.
Cambia las mentes de los políticos para que transformen las espadas en
rejas de arado.
Bendice a tu Iglesia para que sea tu instrumento de paz, llevando consuelo
a los afligidos, promoviendo la justicia para los débiles y menesterosos y
dando testimonio de tu amor a todas las personas.
En Jesucristo oramos. Amén.
Dios todopoderoso y eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te glorificamos
y alabamos. Eres nuestro único refugio en este mundo turbulento.
Te glorificamos y alabamos, Dios nuestro.
Dios misericordioso, en el nacimiento de tu Hijo Jesucristo en Belén te
hiciste uno de nosotros, compartiendo y entendiendo nuestra humanidad,
nuestros sufrimientos y nuestros problemas.
Te glorificamos y alabamos, Dios nuestro.
Te agradecemos que te hayas refugiado en Egipto, identificándote con todos
los refugiados y las víctimas del poder político.
Te damos gracias, Dios nuestro.
Te agradecemos que hayas crecido en Nazaret y predicado al pueblo en
Galilea, extendiendo tu reino de una manera nueva.
Te damos gracias, Dios nuestro.
Te agradecemos que hayas sido crucificado en Jerusalén, identificándote
con cada persona que sufre y vive bajo la ocupación y la injusticia. En la
cruz llevaste el pecado y el sufrimiento de todos los seres humanos y nos
reconciliaste contigo y con todos nuestros congéneres humanos.
Te damos gracias, Dios nuestro.
Padre nuestro celestial, venimos ante ti con todas las angustias y penas
que experimentamos aquí en Oriente Medio.
Señor, ten piedad de nosotros.
Oramos por todas las víctimas de la injusticia y la violencia en la actual
situación. Oramos también por los responsables de la injusticia y de todas
las formas de violencia.
Señor, ten piedad de nosotros.
Oramos por nuestros trabajadores que no pueden entrar hasta sus lugares de
trabajo. Oramos por nuestra juventud que está perdiendo su esperanza en el
futuro.
Señor, ten piedad de nosotros.
Oramos por nuestras madres que están hartas de sangre derramada,
asesinatos y uso de las armas. Oramos por las familias afligidas que han
perdido sus seres queridos. Oramos por la pronta recuperación de los
heridos. Oramos especialmente por los que tienen que vivir con una
incapacitación permanente.
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesús, Salvador nuestro, nuestra mirada se dirige a ti, nuestra única
ayuda en estos tiempos de congoja
Señor, escucha nuestra oración.
Te pedimos que abras los ojos del mundo, y de israelíes y palestinos, a la
justicia y la reconciliación. Ayúdanos a ver que la seguridad y la
libertad de un pueblo dependen de la seguridad y la libertad del otro.
Señor, escucha nuestra oración.
Pedimos por los políticos, para que se den cuenta de que la seguridad y la
paz que todos deseamos no vendrán por medio de las armas y la fuerza, sino
haciendo justicia de modo que los pueblos puedan reconciliarse y forjar
juntos una coexistencia equitativa para el futuro.
Señor, escucha nuestra oración.
Señor Jesús, nos has llamado a ser tus seguidores. Danos tu amor para
todos nuestros hermanos humanos. Líbranos y libra a nuestros hijos del
odio, el rencor y la denegación de los derechos del prójimo; y llénanos de
amor, verdad y justicia, para que podamos reconocer y respetar la dignidad
y los derechos de cada uno.
Señor, escucha nuestra oración.
Señor Jesús, nos has enseñado que el perdón no es el olvido de los
derechos de cada uno sino su afirmación. Sabemos que perdonar es ver a
Cristo en nuestros enemigos y amarlos como nuestros vecinos. Ayúdanos a
nosotros palestinos a verte en los israelíes, y a los israelíes a verte en
nosotros. Llévanos a todos a afirmar y respetar nuestra humanidad como don
que procede de ti, pues todos hemos sido creados a tu imagen. Danos valor
para reconocer mutuamente los derechos humanos, religiosos, civiles y
políticos de cada uno.
Señor, escucha nuestra oración.
Espíritu Santo, dispensador de vida y de nuevos comienzos, ayúdanos a
responder fielmente a la llamada de Dios para ser ministros de
reconciliación.
Ven, Espíritu Santo, renuévanos.
Ayúdanos a encontrar maneras de alentar a las personas a abrir sus
corazones y confesar su parte en las pasadas injusticias y a encontrar
maneras de construir un futuro justo y seguro para nuestros hijos. Danos
sabiduría y coraje en este difícil empeño. Cuando las presiones de la
situación nos lleven a desesperar, ven con tu Santo Espíritu y renueva
nuestra fuerza y nuestra esperanza.
Ven, Espíritu Santo, renuévanos.
Sostén con tu fuerza a aquellos que, en medio de todas las dificultades,
construyen silenciosamente la cultura de reconciliación, justicia y paz.
Tal vez no sean muchos ahora mismo, pero recordamos que el trabajo por el
reino de Dios entre nosotros empezó con sólo un puñado de personas fieles
y entregadas.
Ven, Espíritu Santo, renuévanos.
Ven, Espíritu Sanador, y cámbianos y abre caminos para que nosotros
cambiemos a otros. Aparta toda injusticia y llena nuestra tierra con una
paz justa. Aparta todo el odio y llénanos con amor verdadero.
Ven, Espíritu Santo, renuévanos.
Pon fin a la inseguridad y trae seguridad verdadera. Pon fin a la
ocupación y trae libertad para todos.
Ven, Espíritu Santo, renuévanos.
Dios misericordioso, acepta nuestra oración y nuestra súplica. Tú eres
nuestra única fuerza. Nadie puede arrebatarnos el poder de la oración. En
nombre de Jesús, nuestro Liberador y Redentor, te rogamos.
Amén.
Oraciones ecuménicas por la paz del Archimandrita Mtanios Haddad
Patriarcado Católico Griego (Melkita), Jerusalén
Letanía de la Paz
Oficiante.- Oremos en paz al Señor.
Coro.- Señor, ten piedad (Kyrie-eleison – repetido tras cada versículo).
Oficiante.- Por la paz de lo alto y la salvación de nuestras almas, oremos
al Señor.
- Por la paz en todo el mundo, el bien de las santas Iglesias de Dios y la
unión de todas, oremos al Señor.
- Por todas las víctimas de las armas de muerte y la violencia, así como
por causantes de esos males.
- Por todos los niños y los jóvenes, para que podamos darles esperanza
para el futuro, oremos al Señor.
- Por todas las familias afligidas, los desempleados y los que tratan de
ayudarlos.
- Para que tu Santo Espíritu guíe a todos los líderes de esta tierra,
especialmente al Presidente Arafat y al Primer Ministro Sharon, para que
se sientan inspirados para trabajar por tu paz con tu justicia.
Así unimos nuestras oraciones
Padre de bondad, tu amor no tiene límites. Llena nuestros corazones con tu
compasión, abre nuestros ojos a tu presencia en el mundo, ilumina nuestras
mentes para entender tu voluntad. Toma nuestras manos y obra con ellas.
Habla mediante nuestras palabras y dirige nuestros pasos por la senda de
la paz, para que Cristo se manifieste en nosotros y el mundo crea. Amén.
- Acuérdate también, te suplicamos Señor, de tu Santa Iglesia Católica y
Apostólica, extendida de extremo a extremo del Universo, y dale paz, tú
que la has comprado con la preciosa sangre de Cristo; y establece
firmemente este Templo santo, hasta el fin del mundo.
- Acuérdate, Señor, de nuestro muy devoto gobernante _____ , que ama a
Cristo, a quien has dado el derecho de gobernar en la tierra. Revístelo
con la armadura de la verdad, con la panoplia de la conformidad.
- Concédele paz profunda e inquebrantable; inspira su corazón con buenos
hechos para tu Iglesia y para todo tu pueblo, para que gracias a su
serenidad podamos llevar una vida sosegada y tranquila, con toda piedad y
sensatez.
- Bríndanos, Señor, tu amable benevolencia; manifiéstate en nosotros en tu
rica munificencia. Concédenos tiempos de moderación y salud. Envía lluvias
suaves a la tierra, y hasta a los campos yermos. Bendice la corona del año
de tu beneficencia. Haz que cesen los cismas en la Iglesia. Enfría la
furia de las naciones; destruye prontamente, por el poder del Espíritu
Santo, todo brote de herejía. Recíbenos a todos en tu reino, haciéndonos
hijos de la luz y del día, y concédenos tu paz y tu amor, Señor Dios
nuestro; pues nos has dado todas las cosas.
- Habiendo pedido por la unidad de la fe y la comunión del Espíritu Santo,
encomendémonos nosotros mismos, y unos a otros, y toda nuestra vida, a
Cristo nuestro Dios.
Coro. A ti, Señor.
- Señor, que bendices a los que te bendicen, y santificas a los que ponen
en ti su confianza: Salva a tu pueblo y bendice a su descendencia. Guarda
la integridad de tu Iglesia; santifica a quienes aman la belleza de tu
casa; glorifícalos en recompensa con tu divino poder, y no nos abandones a
quienes ponemos en ti nuestra esperanza. Da la paz a tu mundo, a tus
Iglesias y a tus sacerdotes; y a nuestro muy devoto gobernante _____, al
ejército y a la armada, y a todo tu pueblo. Pues todo don bueno y todo don
perfecto viene de lo alto y procede de ti, Padre de las Luces, y a ti
damos gloria, y gracias, y culto, al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
Coro. Amén. – Bendito sea el nombre del Señor ahora y siempre (tres veces)
Credo de la esperanza
Creo en Dios.
En el Dios de los credos, con todas sus verdades.
Pero, por sobre todo, en un Dios
que resucita de la letra muerta
para hacerse parte de la vida.
Creo en un Dios que acompaña de cerca
cada paso de mi caminar por esta tierra:
muchas veces detrás, observando y sufriendo con mis errores;
otras veces a mi lado, hablando y enseñándome;
y otras veces delante, guiando y marcando el ritmo de la marcha.
Creo en un Dios de carne y sangre, Jesucristo,
un Dios que vivió en mi piel y se probó mis zapatos,
un Dios que anduvo mis caminos y sabe de luces y de sombras.
Un Dios que comió y que pasó hambre,
que conoció un hogar y sufrió la soledad,
que fue aclamado y condenado, besado y escupido, amado y odiado.
Un Dios que fue a fiestas y a entierros.
Un Dios que rió y que lloró.
Creo en un Dios que tiene atenta -hoy- su mirada sobre el mundo,
que ve los odios que segregan, que dividen,
que marginan, que hieren y que matan;
que ve las balas perforando la carne
y la sangre inocente que riega la tierra;
que ve la mano que se mete en la lata y en el bolsillo ajeno,
robando lo que otro necesita para comer;
que ve al juez que sentencia a favor del mejor postor,
vistiendo la verdad y la justicia de hipocresía;
que ve los ríos sucios y los peces muertos, los tóxicos
destruyendo la tierra y perforando el cielo;
que ve el futuro hipotecado y la deuda del hombre que crece.
Creo en un Dios que ve esto...
y sigue llorando...
Pero creo también en un Dios
que ve a una madre dando a luz: vida que nace del dolor;
que ve a dos niños jugando: semilla solidaria que crece;
que ve a la flor brotar de las ruinas: un nuevo comienzo;
que ve a tres locas reclamando justicia: la ilusión que no muere;
que ve al sol levantarse cada mañana: tiempo de oportunidades;
Creo en un Dios que ve esto...
y ríe,
porque,
a pesar de todo,
hay esperanza...
© Gerardo Oberman, Argentina
Letanía de reconciliación de Coventry
Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. (Rom
3:23)
Por el odio que divide a las naciones, a las razas y a las clases,
Perdónanos Padre.
Por la avidez que manifiestan pueblos y naciones de poseer lo que no les
pertenece,
Perdónanos Padre.
Por la codicia que explota el trabajo de manos humanas y asola la tierra,
Perdónanos Padre.
Por nuestra envidia del bienestar y la felicidad de otros,
Perdónanos Padre.
Por nuestra indiferencia ante la difícil situación de los presos, los sin
hogar, los refugiados,
Perdónanos Padre.
Por la lujuria que deshonra el cuerpo de los hombres, las mujeres y los
niños,
Perdónanos Padre.
Por el orgullo que nos hace confiar en nosotros mismos y no en ti;
Perdónanos Padre.
Seamos buenos unos con otros, sensibles de corazón, perdonándonos unos a
otros, como Dios nos perdonó en Cristo.
© Coventry Cathedral; reproduced by kind permission of the Coventry
Cathedral Chapter
Las siguientes oraciones fueron escritas durante el seminario sobre
liturgia y música organizado por el CMI en octubre de 2002 en
Faverges/Francia.
I
Dios,
La imagen de tu hijo no se refleja
- en las páginas de nuestros periódicos
- en los rostros de nuestros dirigentes
- en el despliegue de nuestros armamentos
- en la violencia de nuestras acciones.
Cristo,
haz que nuestras palabras,
nuestro mundo,
nuestras armas,
muestro trabajo,
sean transformados a tu imagen.
Para que podamos ver tu rostro
en la verdad cuando se transmiten las noticias
en la justicia cuando se abusa del poder
en la paz cuando se cierne la amenaza de la guerra
en la reconciliación cuando nuestras acciones fomentan el odio.
¡Abre nuestros ojos Señor!
II
Dios,
La imagen de tu hijo está deformada por nuestro pecado,
Porque pecamos contra ti y contra nuestro prójimo.
Perdónanos cuando ignoramos el sufrimiento de tu pueblo,
y la violencia y la injusticia cerca y lejos de nosotros.
Danos el valor para confrontar nuestros miedos y
ayúdanos a actuar como agentes de paz.
Restaura para nosotros la visión de la iglesia una.
¡Abre nuestros ojos!
III
Dios,
Somos creados a tu imagen.
El único camino para dar testimonio de tu paz y tu justicia
está en nosotros.
Somos responsables de tu mundo
y unos de otros.
Transfórmanos por tu Espíritu Santo
¡Abre nuestros ojos!
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