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LUn Pueblo liberado de la esclavitud, un pueblo que se fía de un Dios que
quiere y busca hacer efectiva en la historia la liberación de los
oprimidos, es un Pueblo dispuesto a escuchar una Ley de libertad y
justicia, de igualdad y solidaridad. Recordándole primero su gesta
libertadora, Dios le va a exigir al Pueblo que no se haga otra idea, otra
imagen, de Dios que la del hombre mismo, hecho a "imagen y semejanza" de
Dios. Por eso va a ligar los actos cultuales con las reglas de convivencia
interhumana fundamentales: el sábado de la alabanza al Dios que lo ha
hecho a su imagen es el sábado del descanso para todos: el hijo y la
esclava, el ganado y el forastero. "Recuerda que fuiste esclavo en el país
de Egipto y que Yahveh tu Dios te sacó de allí" (Dt 5,15; Ex 22,20 y
23,9). Dios quiere un pueblo justo y solidario; y si aparece el rostro del
pobre u oprimido entre ellos, Él escucha su clamor y defiende su causa una
y otra vez (Ex 22,20-26; 23,1-9) por medio de los jueces del pueblo.
Elemento irrenunciable de la vida del pueblo es no torcer el Derecho ni
juzgar por soborno. "Justicia, sólo justicia has de buscar, para que vivas
y poseas la tierra que Yahveh tu Dios te da" (Dt 16,20 y 4,1; 5,33;
30,15-20).
Este ideal igualitario se mantuvo tal vez dos siglos en vigencia. Todavía
Samuel es presentado como el último juez justo de Israel, incapaz de hacer
injusticia alguna (1 Sa 12,1-5). Pero bien pronto se fue sofocando ese
ideal de una sociedad igualitaria y justa y apareció la estratificación y
la opresión de los débiles por los poderosos. La Ley intenta salir al paso
de mil modos (con el Año Sabático del Dt 15,1-18 o con el Año Jubilar del
Lv 25,8-17 y otras) y los Profetas serán la Voz del Dios que sale en
defensa de las víctimas y clama por la justicia. Lo mismo Natán ante el
doble delito de David (2 Sa 12,1-15) que Elías ante el de Ajab y Jezabel
contra Nabot (1 Re 21,1-24). No se trata de derechos liberales de lujo,
sino del elemental derecho a la vida y a la propiedad familiar, al respeto
a la esposa y a la honra del marido; pero aún estamos en ambiente
cortesano. Más adelante casi todos los Profetas se distanciarán del rey y
de las élites para defender los Derechos de los débiles y pobres ("el
pobre, el huérfano y la viuda", nuestras mayorías pobres, las minorías
étnicas despreciadas, los niños de la calle, la mujer doblemente oprimida)
ante el atropello de parte del rey y los ricos y poderosos opresores. Los
testimonios de esto son tan numerosos en los libros proféticos que se
impone aquí una breve selección.
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