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La escuela profética que nos legó el libro de Isaías bien puede servir de
broche de oro a esta breve síntesis. Del Isaías histórico del siglo VIII y
de sus discípulos posteriores recibimos sustancialmente el mismo mensaje
en este punto: El Dios Santo de Israel, su Rey y su Go'el, están por la
Justicia y el Derecho, especialmente la causa del huérfano y la viuda, el
derecho del pobre y del oprimido. Esa es la responsabilidad primordial de
los líderes según Dios (1,15-28; 5,7-24; 32,1-7.15-20) pues sólo puede
haber Paz si es fruto de la Justicia. La función del jefe ideal es
establecer esa Justicia y defender el Derecho de los débiles y la causa de
los pobres de la tierra (9,1-6; 11,1-5). Más adelante se dirá que ésa es
la tarea de todo Siervo de Dios: "implantar en la tierra el Derecho" y
hacer lealmente Justicia, la única que permanecerá por siempre (42,1-9;
51,4-8; 53,1-12; 54,11-17) El ayuno agradable a Dios es "partir al
hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en tu casa... sacar de
las cárceles injustas, dar libertad a los oprimidos y arrancar todo
cepo"(58,1-10; 59,9-20). Todo el que tiene el Espíritu del Señor anunciará
una Buena Noticia a los pobres y pregonará a los cautivos la Liberación;
pues el Señor que ama el Derecho y hace germinar la Justicia elige a sus
Siervos para esa tarea (61,1-3.8-11; 62,1-2).
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