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"La mejor manera de eludir la Palabra de Dios es estudiar la Palabra de
Dios", decía J.L. Sicre en su prólogo al libro sobre la justicia social en
los Profetas, que tituló "Con los pobres de la tierra". La frase la repite
Jon Sobrino, al inicio de su Cristología más reciente ("Jesucristo,
Liberador",p 14). Ciertamente hay maneras peores; pero no deja de ser un
peligro constante, el quedarnos en el estudio, el esperar nuevos estudios
aclaratorios, el apoyarnos en los resultados divergentes de los estudios
para, en definitiva, no ponernos nunca a caminar en la dirección que la
Palabra de Dios nos posibilita y pide. Si esto vale del AT, es
indudablemente más claro en el caso de Jesus de Nazaret, el Cristo de
nuestra fe. Como nos recordaba J.P. Miranda: "Ninguna autoridad puede
hacer que todo esté permitido; la justicia y la explotación no son tan
indiscernibles como eso, y Cristo murió para que se sepa que no todo está
permitido" (en el prólogo a "EL ser y el Mesías", Salamanca, 1973). El
hombre, y el bautizado y religioso por tanto, pueden intentar
tergiversarlo todo, incluso inconscientemente; pero la Persona y el
Mensaje de Jesús no se dejan manipular tan fácilmente. Si nos dejamos
llevar por el Espíritu de Jesús, más bien se nos "guiará hasta la Verdad
completa", más allá de lo que Jesús histórico nos podía comunicar (Jn
14,26 y 16,13-15).
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