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" Dejando de lado los "Evangelios de la Infancia", no por su falta de
historicidad, sino por su peculiar impronta teológica (pre-)lucana y
mateana, el rasgo primero del Jesús histórico es su bautismo por Juan en
el Jordán. Ahí aparece su solidaridad con la cadena de los hombres que
buscan el cambio personal y social; y con el mensaje de ética y esperanza
mesiánica del Bautista. No se distancia de los "pecadores" y carga con "el
pecado del mundo". Se hace solidario con los marginados de aquella
sociedad dominada ideológicamente por los Fariseos, y con su propia
cercanía trata de borrar de su conciencia esa marginación, mostrándoles la
cercanía de Dios en su acogida y misericordia. Este gesto inicial se va a
repetir cada vez que Jesús "acoge a los pecadores y come con ellos" (Lc
15,2; 5,29-32; Mc 2,15-17; Mt 9,10-13. En adelante omitiré los pasajes
paralelos). Cuando esos marginados son leprosos y paganos o mujeres"pecadoras", o simplemente mujeres y niños, tenemos ya algo enormemente
revulsivo del "orden establecido" por el fariseismo. Y Jesús
reiteradamente hace esta provocación de Dios en favor de los débiles y
marginados de su sociedad. La dignidad, el valor de todo hombre,
especialmente de aquellos en los que esa dignidad está social y
religiosamente negada, son reivindicados con la constante práctica de
cercanía y acogida por Jesús.
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