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Junto a la lucha contra marginación socio-religiosa, otro rasgo saliente
del Jesús de la historia es su misericordia para con el sufrimiento del
pueblo: su hambre y sus enfermedades, sus sufrimientos psíquicos y sus
alienaciones. Puede haber subrayado algo este rasgo el afán curandero del
mundo mediterraneo y en general la búsqueda de lo milagroso en el medio
popular. Pero es algo muy central de Jesús el entender su actuación
taumatúrgica, sobre todo ante la "posesión" por malos espíritus, como una
victoria del Dios de la Vida contra los señores de este mundo, que
mantienen al pueblo oprimido y alienado ( Mc 3,22-30) y como una señal de
la cercanía del Reino de Dios en medio de la historia de limitaciones y
sufrimientos (Mt 11,1-15). El Reino de Dios que Jesús anuncia y cuyos
signos históricos realiza aparece especialmente con fuerza en esta
cercanía solidaria y liberadora del dolor y sufrimiento de los hombres. El
hambre de las multitudes y las enfermedades de los pobres encuentran eco
siempre en las entrañas de misericordia de Jesús; pues todo lo que
disminuye la vida de los hombres va contra los planes del Dios de Vida que
en él se nos acerca.
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