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Tal vez al fondo de todo esté la inseguridad y angustia de los hombres y
su búsqueda ansiosa de seguridad a como dé lugar, que lleva a confiar en
los bienes de este mundo, la Riqueza que Jesús denuncia como la
alternativa mayor a Dios Padre, el Mammón idolatrado. Por eso proclamará
desde el inicio que el Reino de Dios es de los pobres, que la Buena
Noticia de su cercanía en gracia liberadora es primordialmente para los
pobres y oprimidos (Lc 1,46-55; 4,18-19; 6,20-26; 14,15-24 y 25-33;
16,1-15 y 19-31). Y tal vez también la causa última de su muerte es su
denuncia de la sed de riqueza de los dirigentes -y de todos los hombres-;
especialmente su gesto profético contra la conversión de la Casa del Padre
en cueva de ladrones (Mc 10,17-27; 11,15-33; 12,1-17 y 38-44; Lc 16,14 y
19-31; 23,1-2;Jn 2,13-22; 11,45-54;12,1-7; 19,12-16). Incluso a la
comunidad de los seguidores les costó y cuesta siempre entender y más aún
practicar y vivir ese desprendimiento de los bienes y esa puesta en común
de los mismos; y muy especialmente su puesta al servicio de los pobres y
pequeños. Se ha dejado para las cosas opcionales de unos grupos de
cristianos "selectos"; y aún así con muchas restricciones y "prudencias".
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