| |
Y sin embargo, el Reino de Dios, que Jesús anunció y anticipó ya en sus
signos, y el Dios del Reino, Padre de la vida y vida en abundancia para
todos que él manifestó, posibilitan y piden necesariamente una
correspondencia y colaboración de todos los seguidores de Jesús en su
misma Causa. Para eso entrega él su Espíritu y lo derrama sobre sus
discípulos y sobre la humanidad entera (Jn 1,33; 7,37-39; 14,16.26;
16,7-15; 19,30; 20,22; Hch 1,4-5; 2,1-39; Rm 5,1-11; 8,1-27). El
proseguimiento de la Causa de Jesús lleva a denunciar y luchar contra el
Antirreino que sigue actuando en todas las cruces de la historia; y a
sentir como un criterio necesario y privilegiado de la fidelidad al Reino
y al Padre la "persecución por causa de la Justicia" (Mt 5,6 y 10;
10,24-36; 23,29-37; Jn 13,16; 15,20; 1 Te 2,13-15; 1 Pe 3,14-17). En todo
caso, la solidaridad con todo prójimo herido al borde del camino, y el
compartir la casa y el pan, el tiempo y el sufrimiento con los hambrientos
y desnudos, enfermos y encarcelados, y ayudar a bajar de la cruz a todos
los crucificados de nuestra historia (Lc 10, 29-37; Mt 25,31-45; Mc
14,3-9; 15,42-47) forma parte de la nueva condición de "hijos del Padre
celestial"(Mt 5,43-48; 27,39-44; 1 Jn 3,14-18; 4,7-21).
.
|
|