| |
"Acoger el Reinado de Dios es negarse a aceptar un mundo que promueve o
tolera la muerte temprana e injusta del pobre, es rechazar la hipocresía
de una sociedad que se pretende democrática y que viola los más
elementales Derechos de los pobres"(G.Gutiérrez,"El Dios de la vida",
p.203). "Buscar el Reino significa ser sacramento de Vida en medio de la
muerte que se hace hoy presente entre nosotros a través de la persistente
violencia estructural, la violencia terrorista de distintos signos y la
violencia represiva indiscriminada" (Ibid., p.212). El signo mayor del
Antirreino es, hoy como ayer, pero más agigantado, la miseria de las
mayorías. Ese es el pecado mayor del mundo, la "injusticia
institucionalizada"(Md 1,1.2;2,1.16;14,1;15,1; Pb 16.43.452.495.509.562),
que despoja y pauperiza a las masas, asesina por hambre o con represión
cruel cuando se siente atacada. Más aún: justifica hipócritamente o con
auténtica ceguedad satánica su opresión y sus crímenes; y tacha de
subversivo y anticristiano al que denuncia o se oponga de algún modo ("Me
llamarán subversivo/ Y yo les diré: lo soy/ Por mi pueblo en lucha, vivo /
Con mi pueblo en marcha, voy... / Incito a la subversión/ contra el poder
y el dinero./ Quiero subvertir la ley / que pervierte al pueblo en grey /
y al gobierno en carnicero". P. Casaldáliga).
.
|
|