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No se trata aquí de puras doctrinas; ni tampoco de meras exigenciaséticas. Más bien estamos ante el Misterio más hondo de la Revelación de un
Dios que no sólo oye el clamor de los oprimidos y llama a sus siervos a
liberarlos y establecer el Reinado de Dios y su justicia; sino que El
mismo, en Jesús de Nazaret, se hace solidario con los pobres desde Belén,
comparte los sufrimientos de su pueblo y lucha contra sus opresores, y
acaba entregado al poder de la violencia injusta, que le quita la vida
antes de tiempo y pretende enterrar su "memoria subversiva". Ante esta
misteriosa identificación de Dios con todas las víctimas de la historia,
ante esta locura de amor entregado a nosotros sin reservas, todos los"muertos antes de tiempo" (B. de Las Casas) encuentran un motivo de
Esperanza y una fe en la Justicia trascendente, más allá de la muerte
temporal. Es una esperanza que "no distancia de los hechos presentes ni de
la solidaridad" (P. Trigo, Creación e historia..., p.296); porque ha
logrado entender y vivir la vida no como un botín a aferrar, sino como un
don para ofrecer (Fil 2,6ss; Mc 8,34s; 10,44s). El cristiano sabe ya que"Morir siempre es vencer / desde que un día / Alguien murió por todos,
como todos / matado, como muchos..."(P. Casaldáliga).
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