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Queremos relacionar la pobreza y la miseria -ellas, sin metáforas- con la
Buena Nueva de Jesús.
[Aspecto bíblico]
Diríamos que la pobreza (que incluye a fortiori la miseria) es en todo el
Antiguo Testamento el signo principal de la ausencia de Dios, del fracaso
de su proyecto. Donde hay pobreza y miseria, allí es claro que no reina
Dios, se conculca su voluntad y se adora a falsos dioses. La pobreza y la
miseria, es decir, la imposibilidad de satisfacer las necesidades más
elementales para la susbsistencia, para el mantenimiento de la vida, son
las antípodas del Dios de la Vida.
Los profetas presentarán como signo de la llegada de Dios, del
cumplimiento de su voluntad, de la llegada de su Reino, el banquete, la
comida y la bebida de balde, la abundancia y hartura de los bienes
primarios de la vida, en una tierra que mana leche y miel... Cualquier
estudio bíblico nos puede abrumar con citas sobre este aspecto.
Jesús, que ha experimentado en su propia carne habitualmente las
privaciones de la pobreza y también en ocasiones14 de la miseria, se
estremece de gozo vislumbrando anticipadamente la promesa de una
transformación de este mundo como «tierra nueva donde habite la justicia»
(como dirá después 2 Pe 3, 13), y por eso se lanza a los caminos de
Palestina a predicar: «llegó la hora, Dios quiere un cambio, quiere
reinar, quiere que se acabe todo este antirreino». Y también él dibuja el
Reino en sus parábolas como el «banquete de bodas» al que Dios invita...
Jesús anuncia la Buena Noticia: ¡el Reino de Dios está llegando!¡Bienaventurados pues los pobres (sin metáforas, según Lucas), porque van
a dejar de serlo: en el Reinado de Dios no será posible la miseria y la
injusticia. Ésa es la Noticia que esperaban los pobres. El "ev-angelio" es
Buena Noticia «para los pobres»15 : con el Reino de Dios se están
acercando la justicia y la plenitud del amor; se acabará pues la pobreza y
la miseria, que atentan contra la supervivencia elemental; Jesús ha«venido para que tengamos vida y vida en abundancia» (Jn 10, 10).
Al anunciar el Reino -buena noticia para los pobres- Jesús anuncia con
ello la erradicación de la pobreza y de la miseria. Un Reino con pobreza y
miseria no sería nunca un Reino realizado. Si la miseria humana no fuera
superable, el Reino sería imposible. Sólo se puede creer la Buena Noticia
creyendo en la posibilidad de la superación de la pobreza y la miseria. Si
el ser humano no pudiera superarlas, no estaría hecho a imagen del
Dios-Amor. Si tampoco Dios puede, no es Dios.
Anunciar esa Buena Noticia es misión de Jesús. "Ev-angelizar" implica dar
esa "buena noticia". Si nuestra evangelización no contiene la Buena
Noticia de la superación de la pobreza y de la miseria, no es
evangelización cristiana, porque sin la superación de la pobreza y la
miseria no hay Reino, que es el centro mismo de la Buena Noticia de Jesús.
Creer en la posibilidad de la superación de la pobreza y de la miseria no
es para nosotros una opinión simplemente socioeconómica... sino una
cuestión de fe en Reino anunciado por Jesús.
[Aspecto teológico]
Para una mayor limpieza de la argumentación teológica, vamos a prescindir
-metodológicamente- de la seguridad que tenemos sobre la relación causal
entre pobreza y riqueza; pensemos por un momento que no existiera esa
causalidad.
La pobreza16 y la miseria son siempre una realidad pecaminosa. No sólo
cuando la pobreza (empobrecimiento) de unos es subproducto de la riqueza
(enriquecimiento) de otros (ricos «a costa de» pobres, teoría de la
dependencia), sino incluso en el supuesto de que así no fuese.
Es decir, también en el caso de una relación no causal entre pobreza y
riqueza, ésta es pecaminosa. La parábola de Lázaro es clara en no atribuir
al rico ninguna relación causal hacia la pobreza de Lázaro (no era su
patrón ni su explotador; Lázaro simplemente co-existía junto a él, al
margen suyo, marginado, excluido). Pero la parábola no duda en atribuirle
una responsabilidad sobre el pobre, cuya no aceptación le acarrea la
condenación divina: «se murió el rico y lo enterraron, y estando en el
abismo, en medio de los tormentos...» (Lc 16, 23). Como dirá después un
santo Padre explicitando esta intuición del Evangelio: es que "no pueden
vivir juntos un pobre y un justo"; si es justo, compartirá sus bienes, y
dejará de haber un miserable. Sólo un injusto puede convivir con la
pobreza y la miseria.
La parábola ha de ser aplicada a las relaciones internacionales17 : no
puede existir un primer mundo justo frente a un tercer mundo sumido en la
miseria; si fuera un primer mundo "justo" compartiría y erradicaría la
miseria y la pobreza.
Subrayemos:
primero, la pobreza y la miseria son realidades socialmente pecaminosas
siempre, aunque no hubiera relación causal con la riqueza (¡cuánto más al
haberla!);
segundo: el justo supera la pobreza del hermano con su amor-justicia
siempre, aunque estuviera en un sistema socioeconómico que no encontrase
fórmulas socioeconómicas técnicas para superar la pobreza; el amor y la
justicia, compartiendo, siempre superan la pobreza y la miseria;
tercero: este principio es para nosotros místico y utópico. No lo basamos
en «certezas científicas económicas», sino en opciones utópicas y
evangélicas. Nos negamos a doblegar nuestra fe en Dios y en el ser humano
(en su capacidad para superar la pobreza y la miseria) en base a supuestas
comprobaciones científicas socioeconómicas que están a su vez embebidas de
(otra) mística y de un claro componente antiutópico. No tenemos miedo de
negar nuestra obediencia a los nuevos dogmas religiosos
científico-económicos, al fundamentalismo religioso del mercado.
Respetamos la autonomía de la ciencia; pero no nos deslumbramos ante sus
afirmaciones como si estuviéramos en el iluminismo ilustrado y no
hubiéramos pasado todavía por la era de la crítica y la purificación de la
hermenéutica.
Así, el anuncio de la erradicación de la pobreza y la miseria no son algo
lateral, un compromiso facultativo, una consecuencia de segundo grado...
sino algo vinculado directamente al anuncio central de la Buena Noticia de
Jesús. Sólo un cristianismo que haya desmesianizado18 a Jesús -algo por lo
demás muy frecuente en el primer mundo y en muchas mentes neoliberalmente
colonizadas del tercer mundo- puede pensar que la erradicación de la
pobreza sea un tema simplemente ético-moral y no teológico-dogmático.
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