Lunes 3 de Abril del 2006
Cuaresma 2006

Erradicación de la pobreza y Buena Noticia



Queremos relacionar la pobreza y la miseria -ellas, sin metáforas- con la Buena Nueva de Jesús.

[Aspecto bíblico]
Diríamos que la pobreza (que incluye a fortiori la miseria) es en todo el Antiguo Testamento el signo principal de la ausencia de Dios, del fracaso de su proyecto. Donde hay pobreza y miseria, allí es claro que no reina Dios, se conculca su voluntad y se adora a falsos dioses. La pobreza y la miseria, es decir, la imposibilidad de satisfacer las necesidades más elementales para la susbsistencia, para el mantenimiento de la vida, son las antípodas del Dios de la Vida.

Los profetas presentarán como signo de la llegada de Dios, del cumplimiento de su voluntad, de la llegada de su Reino, el banquete, la comida y la bebida de balde, la abundancia y hartura de los bienes primarios de la vida, en una tierra que mana leche y miel... Cualquier estudio bíblico nos puede abrumar con citas sobre este aspecto.

Jesús, que ha experimentado en su propia carne habitualmente las privaciones de la pobreza y también en ocasiones14 de la miseria, se estremece de gozo vislumbrando anticipadamente la promesa de una transformación de este mundo como «tierra nueva donde habite la justicia» (como dirá después 2 Pe 3, 13), y por eso se lanza a los caminos de Palestina a predicar: «llegó la hora, Dios quiere un cambio, quiere reinar, quiere que se acabe todo este antirreino». Y también él dibuja el Reino en sus parábolas como el «banquete de bodas» al que Dios invita...

Jesús anuncia la Buena Noticia: ¡el Reino de Dios está llegando!¡Bienaventurados pues los pobres (sin metáforas, según Lucas), porque van a dejar de serlo: en el Reinado de Dios no será posible la miseria y la injusticia. Ésa es la Noticia que esperaban los pobres. El "ev-angelio" es Buena Noticia «para los pobres»15 : con el Reino de Dios se están acercando la justicia y la plenitud del amor; se acabará pues la pobreza y la miseria, que atentan contra la supervivencia elemental; Jesús ha«venido para que tengamos vida y vida en abundancia» (Jn 10, 10).

Al anunciar el Reino -buena noticia para los pobres- Jesús anuncia con ello la erradicación de la pobreza y de la miseria. Un Reino con pobreza y miseria no sería nunca un Reino realizado. Si la miseria humana no fuera superable, el Reino sería imposible. Sólo se puede creer la Buena Noticia creyendo en la posibilidad de la superación de la pobreza y la miseria. Si el ser humano no pudiera superarlas, no estaría hecho a imagen del Dios-Amor. Si tampoco Dios puede, no es Dios.

Anunciar esa Buena Noticia es misión de Jesús. "Ev-angelizar" implica dar esa "buena noticia". Si nuestra evangelización no contiene la Buena Noticia de la superación de la pobreza y de la miseria, no es evangelización cristiana, porque sin la superación de la pobreza y la miseria no hay Reino, que es el centro mismo de la Buena Noticia de Jesús. Creer en la posibilidad de la superación de la pobreza y de la miseria no es para nosotros una opinión simplemente socioeconómica... sino una
cuestión de fe en Reino anunciado por Jesús.

[Aspecto teológico]
Para una mayor limpieza de la argumentación teológica, vamos a prescindir -metodológicamente- de la seguridad que tenemos sobre la relación causal entre pobreza y riqueza; pensemos por un momento que no existiera esa causalidad.

La pobreza16 y la miseria son siempre una realidad pecaminosa. No sólo cuando la pobreza (empobrecimiento) de unos es subproducto de la riqueza (enriquecimiento) de otros (ricos «a costa de» pobres, teoría de la dependencia), sino incluso en el supuesto de que así no fuese.

Es decir, también en el caso de una relación no causal entre pobreza y riqueza, ésta es pecaminosa. La parábola de Lázaro es clara en no atribuir al rico ninguna relación causal hacia la pobreza de Lázaro (no era su patrón ni su explotador; Lázaro simplemente co-existía junto a él, al margen suyo, marginado, excluido). Pero la parábola no duda en atribuirle una responsabilidad sobre el pobre, cuya no aceptación le acarrea la condenación divina: «se murió el rico y lo enterraron, y estando en el abismo, en medio de los tormentos...» (Lc 16, 23). Como dirá después un santo Padre explicitando esta intuición del Evangelio: es que "no pueden vivir juntos un pobre y un justo"; si es justo, compartirá sus bienes, y dejará de haber un miserable. Sólo un injusto puede convivir con la pobreza y la miseria.

La parábola ha de ser aplicada a las relaciones internacionales17 : no puede existir un primer mundo justo frente a un tercer mundo sumido en la miseria; si fuera un primer mundo "justo" compartiría y erradicaría la miseria y la pobreza.

Subrayemos:

primero, la pobreza y la miseria son realidades socialmente pecaminosas siempre, aunque no hubiera relación causal con la riqueza (¡cuánto más al haberla!);

segundo: el justo supera la pobreza del hermano con su amor-justicia siempre, aunque estuviera en un sistema socioeconómico que no encontrase fórmulas socioeconómicas técnicas para superar la pobreza; el amor y la justicia, compartiendo, siempre superan la pobreza y la miseria; tercero: este principio es para nosotros místico y utópico. No lo basamos en «certezas científicas económicas», sino en opciones utópicas y evangélicas. Nos negamos a doblegar nuestra fe en Dios y en el ser humano (en su capacidad para superar la pobreza y la miseria) en base a supuestas comprobaciones científicas socioeconómicas que están a su vez embebidas de (otra) mística y de un claro componente antiutópico. No tenemos miedo de negar nuestra obediencia a los nuevos dogmas religiosos científico-económicos, al fundamentalismo religioso del mercado. Respetamos la autonomía de la ciencia; pero no nos deslumbramos ante sus afirmaciones como si estuviéramos en el iluminismo ilustrado y no hubiéramos pasado todavía por la era de la crítica y la purificación de la hermenéutica.

Así, el anuncio de la erradicación de la pobreza y la miseria no son algo lateral, un compromiso facultativo, una consecuencia de segundo grado... sino algo vinculado directamente al anuncio central de la Buena Noticia de Jesús. Sólo un cristianismo que haya desmesianizado18 a Jesús -algo por lo demás muy frecuente en el primer mundo y en muchas mentes neoliberalmente colonizadas del tercer mundo- puede pensar que la erradicación de la pobreza sea un tema simplemente ético-moral y no teológico-dogmático.