EL VOLUNTARIADO FRANCISCANO
La realidad social en la que estamos evidencia que el hombre
es cada menos hombre: la libertad real de muchos hombres es
cada vez menor, el sentido de su vida cada vez más difuso, la
autonomía cada vez mas precaria; la felicidad se ve mas lejos
y el futuro mas incierto.
Necesitamos voluntarios que pretendan poner sus dotes, dones, servicios a
funcionar desde una identidad de pobres y necesitados que están dispuestos
a aprender con otros, y aportar su grano de trigo que ayude a dar fruto
abundante. Se necesitan artistas que construyan y den identidad a su
vocación de siervos pequeños y pobres.
Una característica del voluntario franciscano es que haga el
servicio desde la gratuidad que nace del amor, y lleva a la
entrega personal, a la lucha por la dignidad de cad persona y
a la construcción de otro tipo de sociedad. Su comprensión
requiere de cualidades: la donación o la comprensión, dar o
recibir, servicio o recompensa justificada, que la persona
alcance sus metas.
La gratuidad es también una energia que nos anima. Los franciscanos
tenemos como principal fuente de energía el compromiso de la opción
preferencia por los mas pobres “los leprosos”. Ellos fueron siempre los
proferidos de Aquel que dio la vida por todos. Y no olvidemos que la dio
voluntariamente.
El estimulo de voluntario es la generosidad que reviste de belleza la
misma acción. Reside en demostrar interés por las personas, por su bien,
desde la minoridad. Ver el rostro feliz de la persona a quienes
acompañamos y que esperan con impaciencia nuestra presencia, que les habla
de esperanza e ilusión.
Una segunda característica que quisiera señalar es buscar el
encuentro desde la fraternidad, centrada en el optimismo y la
visión centrada en la convivencia y factores positivos. Se
trata de crear un estilo que de vida que afecta y empuja a las
personas a la transformación vital. Caminar, desde la
fraternidad, es una expresión que recarga la identidad de lo
que somos y hacemos, con Jesucristo como centro, a la luz de
Francisco de Asís nos hacemos solidarios manteniendo viva la
llama de la utopía. No trabajamos en solitario sino
solidariamente fraternos sostenidos y apoyados por la misma
llamada.
Finalmente precisamos como franciscanos hacer nuestra
protesta-propuesta, desde la denuncia, y la presencia públicas
expresadas con propuestas. La finalidad no es resignarse desde
la teoría, sino convertirla en práctica cotidiana. Se trata de
ser voz de los sin voz “los voceros de Dios en medio de
nuestro pueblo”. Desde ahí exigir derechos fundamentales
construyendo escenarios de participación. Se trata de un estar
juntos provocando sueños, sumando voluntades, fortaleciendo
vínculos, franciscanizando desde el servicio voluntario menor,
fraterno, gratuito y solidario.
Severino Calderón Martínez, ofm.
Provincial de la Prov. Franciscana de Granada