ARTÍCULOS DE MARANA-THÁ


SOLIDARIDAD

A veces, cuando nos encontramos a alguien pidiendo dinero, metemos la mano en el bolsillo y sacamos algunos céntimos de euro: otras, en cambio, no solo no lo hacemos, sino que giramos la cara para evitar mirarle. No pretendo, desde luego, entrar en valoraciones morales en torno a estas dos actitudes, ni discutir cual es más acertada. La cuestión que intento introducir es: hasta que punto es posible girar la cabeza para no ver el mundo en que vivimos, como lo hacemos con el mendigo.

No es posible simplemente mirar hacia otro lado o cruzar la calle, como haríamos para no tropezar con el mendigo. Siempre podríamos, eso si, cerrar los ojos al mundo, pero no deja de ser una forma arriesgada de recorrer la vida. Quizá debamos mirar y observar el mundo, sin miedo a ver también sus injusticias y desigualdades. Y, si además nos definimos como cristianos, es a las injusticias y desigualdades a las que deberíamos prestar mayor atención, justamente para ponernos manos a la obra en la tarea de colaborar para reducirlas y combatirlas. El propio Jesús cuando hablo del Juicio Final, nos dijo que cuando diéramos de comer al hambriento, de beber al sediento, visitásemos al enfermo o al prisionero, se lo hacíamos a EL. En resumen, el cristiano debe amar a Jesús, y debe amarlo en el prójimo. Y la única manera de hacerlo es no ignorar su sufrimiento y tratar de evitárselo.

Así las cosas, aun asumiendo que el voluntariado, como su propio nombre indica, parte de la idea de la opción libre de quien decide involucrarse o no, es difícil plantearse que exista otra opción para el cristiano, como para cualquier persona de bien, que la de la solidaridad con quien padece necesidades. Si la cuestión esta entre deber y opción, en mi opinión el deber de todo cristiano que quiera ser coherente con su fe y de todo ser humano que aspira a un mundo mejor es optar por cambiar las cosas. Y la mejor manera de empezar a cambiarlas quizá sea no cerrar los ojos a la realidad que nos rodea.

o me resisto a concluir sino recordando una de las bienaventuranzas pronunciadas por Jesús en el Sermón de la Monta ña: “Bienaventurados los que sienten hambre y sed de justicia, porque ellos quedaran saciados.” Que así sea.

Ignacio Gratacós Pascual.
Socio fundador de la Asoc. Compromiso Marana-Thá