La experiencia vital del voluntario se puede describir como un itinerario repleto de etapas que te lleva a una bajada hacia las moradas de la marginación.
Esas etapas se podrían definir como las siguientes:
1.- Esta realidad la cambio yo. Hecha la opción y tomada la decisión es muy frecuente pensar y caer en la tentación de que “esto lo cambio yo”. Es la figura del “salvador”. Es una etapa llena de grandes planes, de posibilidades de recursos, de muchas ilusiones que se van fraguando en la cabeza y se van concretando incluso en la práctica. Este estadio probablemente es el que más rápidamente se supera pues la realidad diaria le va gritando “tú no cambias nada”.
2.- Descubrimiento de un mundo nuevo. La etapa del “inseguro”. Poco a poco se va descubriendo el abismo. Un mundo nuevo al que no se está acostumbrado. El choque se produce y con frecuencia se experimenta una inseguridad tremenda. Sin prescindir ni renegar de tu persona, el voluntario tiene que ir despojándose de muchas cosas.
3.- Experimentar el rechazo de las gentes. Fase del “incomprendido”. Ya se ha comenzado a caminar con aquellos a los que se quiere ayudar y se va constatando lo difícil que es comprenderlos, llegar a descubrir sus motivaciones. No es raro descubrir un rechazo inconsciente hacia ellos y su mundo que tienen su expresión en frases como la “de aquí no se puede sacar nada” o “¿qué puede dar esta gente?”. Son expresiones que afloran en los momentos de desánimo. A la inversa ocurre también. Se siente el rechazo de aquellos a los que crees que has ido a salvar. Es comprensible que de la misma manera que cuesta entenderles a ellos tarden en comprender las motivaciones que nos ha llevado a estar con ellos. En definitiva se produce un encuentro con el rechazo, unas veces abierto y otras más solapado, que se manifiesta en una cierta desconfianza hacia el voluntario al dudar de sus verdaderas motivaciones. Podría responder a la expresión “algo sacarán cuando están aquí” al no comprender fácilmente el sentido de la gratuidad. De todas formas el comprenderlos y hacerse comprender entra en un juego cuyo motor es el estar viviendo un auténtico proceso de inculturización.
4.- Sentir la impotencia o etapa del “inútil”. En ella las ilusiones iniciales, a la par que se va descubriendo un mundo nuevo y experimentando un cierto rechazo en propia carne, pueden desvanecerse, y de hecho en muchos momentos se desvanecen. Es una situación en la que se puede sentir una total impotencia, en la que se toca fondo y entran ganas de salir corriendo, cuyo doble riesgo es el de la huida y el repliegue. Huida material que se puede concretar en multiplicar actividades y compromisos en otros ambientes más gratificantes. Cuando se vive esta experiencia y se medita se pueden abrir nuevos horizontes, descubriendo nuevos caminos.
5.- Caminar con ellos. El “HERMANO”. Se ha vislumbrado el nuevo mundo y se han aceptado las personas tal como son, no sin antes haberse despojado de muchas cosas, experimentando un verdadero vaciamiento personal. Se ha llegado a la conclusión de que no es posible conformarlos a nuestra imagen y semejanza, según nuestros criterios y modelos, sino que hay que caminar con ellos siendo uno más, vislumbrando sus inquietudes, sus preocupaciones, sus motivaciones y aspiraciones más profundas. Uno comienza a encontrarse a gusto con y entre ellos.
Sin embargo este itinerario de bajada está incompleto. Haciéndolo sólo hemos sido capaces de penetrar en tres de las cuatro moradas de la marginación. Al realizarlos hemos pasado por la ética o el deber, la liberación del yo, la estética o la contemplación, que es la emergencia del tú, y hemos llegado a la erótica o el dejarse enamorar con la aparición del nosotros. Pero para que el camino se complete del todo, aún tenemos que bajar algo más y penetrar en la morada de la escatológica o el durar, que es la garantía de EL.
PERMANECIERON
la escatológica o el durar
la garantía de EL
Un voluntario cristiano sabe lo que es caminar sobre el fracaso con optimismo. Pero la erótica no siempre es suficiente, la realidad es a veces demasiado asilvestrada y muerde. Por eso además de querer es preciso soñar. Sueño entendido como estímulo. Si lo real no es lo único que se ve, lo utópico es lo real que aún no se ha hecho posible, pero que lo es. La garantía de que estamos en los Nuevos Tiempos y en la humanidad Nueva. Por eso podemos recibir el don de permanecer inconmovibles e insobornables en la fe.
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