MARANA-THÁ
IDENTIFICACIÓN

La etapa de identificación constituye el momento de gestación del proyecto en la que se ponen sus bases, determinando cuál es el problema que se quiere resolver, a quienes afecta, y cuál es la nueva situación que se quiere alcanzar, concretando el modo en que vamos a hacerlo y valorando las posibilidades de lograrlo.

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PLANTEAMIENTO
 

1.- EL PLANTEAMIENTO

En esta fase de indentificación, sólo una correcta diagnosis y definición de la situación de partida, de las causas que la han determinado y de los efectos que produce, nos permitirá plantear de la manera más coherente la situación a la que queremos llegar, las posibilidades de alcanzarla y los medios que habrán de emplearse.

Cuanto más rigurosa y sistemática sea la recogida y el tratamiento de la información sobre la situación y mayor sea la precisión con que pueda ser clasificada, mayores garantías nos dará de realizar un diagnóstico correcto y de plantear las estrategias de actuación más adecuadas. Para ello, tener en cuenta simultánea los medios que se utilizan para recoger la información y los pasos necesarios para un análisis colectivo de la misma, es muy importante.

Dichos pasos estarán integrados por el análisis de participación, el análisis de problemas, el análisis de objetivos y el análisis de alternativas.

 
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LOS PROTAGONISTAS
 

En la fase de identificación convergerán:

  • Los beneficiarios del proyecto y sus representantes
  • La institución que será responsable del proyecto
  • La organización que financiará el proyecto
  • La contraparte de la institución responsable del proyecto o entidad local que prestará el apoyo y la colaboración necesaria para el desarrollo del proyecto.
 
BENEFICIARIOS
OTROS COLECTIVOS

EQUIPO
DEL
PROYECTO

AGENCIAS INTERNACIONALES
INSTITUCIÓN EJECUTORA
    ADMINISTRACION
PROVEEDORES
INSTITUCIÓN LOCAL
INSTITUCIÓN FINANCIADORA
 
 


Las distintas posiciones de cada una de ellas (fines, objetivos, identidad...) son suficientes para que la visión que cada una de ellas tenga del proyecto sean también distintas y, aunque coincidan en el objetivo final, es seguro que las necesidades a cubrir, las soluciones y las prioridades las interpreten de manera diferente.

Sin embargo, en esta fase de identificación es una condición indispensable el que al final de la misma todos estos protagonistas del proyecto hayan asumido por igual las bases del mismo; alcanzando un consenso básico sobre la definición de la necesidad que origina el proyecto, la de la situación a la que hay que llegar para resolverla, y de las líneas de actuación y niveles de responsabilidad que son necesarios para organizar y emprender las actividades necesarias para su ejecución.

Para ello parece que se tiene que cumplir otra condición no menos importante: el correcto conocimiento de estos protagonistas que facilite el diálogo.

En esta línea, puede ser muy útil conocer:

  • De los beneficiarios y sus representantes
  • Los fines reales de los mismos y las competencias que tienen para alcanzarlos
  • La forma de organización que tienen y los procesos de toma de decisiones que utilizan
  • El sistema que han previsto para formar parte de las acciones a desarrollar
  • De las organizaciones responsables de la ejecución del proyecto y de la financiación
  • La concepción de desarrollo que tienen y los métodos que utilizan
  • Los objetivos institucionales que se han fijado y la manera de organizarse

•  Las realizaciones y su trayectoria de actuación

•  El sistema de control de la utilización de los recursos que ponen en práctica

 
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LAS FUENTES
 

3.- LAS FUENTES

Una vez recogida la información se procede a realizar un diagnóstico de la situación a transformar, estableciendo las relaciones causas-efecto entre los problemas que existen y sus consecuencias en el colectivo de beneficiarios afectados. A partir del cual se podrá determinar las modificaciones a realizar en los factores que originan los problemas para poder resolverlos. Esto no es sino lo que antes hemos definido como uno de los pasos de la fase de identificación: el análisis de objetivos.

Definidas las relaciones causas-efecto, habrá que establecer a continuación qué relaciones medios-fines son más idóneos para abordar la intervención para hacer desaparecer la situación de partida. Este es el paso que denominábamos análisis de alternativas. Es decir, con este paso lo que se intenta identificar qué es lo que se hará, conocido qué es lo que es posible hacer, lo que deseamos hacer y lo que es necesario hacer.

Gráficamente podríamos representarlo de la siguiente forma:

 
 
 
 
Con todo lo anterior se podrá ir definiendo los criterios de valoración de las posibles alternativas, para elegir el plan de acción más adecuado y los elementos del proyecto a realizar: el objetivo general, los objetivos específicos, los resultados esperados, las actividades necesarias de realizar y las hipótesis para que pueda realizarse


 
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LOS BENEFICIARIOS
 

No obstante, todo lo que hasta ahora hemos ido definiendo en la fase de identificación quedaría muy abstracto si el proyecto no definiese un colectivo de beneficiarios de manera precisa, pues ellos constituyen realmente el centro de las necesidades o problemas que justificarán la acción a desarrollar y que han dado lugar a que el proyecto se conciba para satisfacerlas o resolverlas para mejorar su situación. Ese y no otro es el objetivo del proyecto.

Aún así, el desarrollo de ese proyecto generará unos efectos que no sólo serán sus beneficiarios directos, sino también a otras personas que forman parte de su contexto o que de alguna forma mantienen una relación con la realidad que se pretende modificar.

De esta forma, la puesta en práctica de un proyecto puede generar efectos a otras personas que no son sus propios beneficiarios; efectos que pueden ser también positivos indirectamente, pero que en algunos casos pueden producir perjuicios eventuales e incluso exclusión a quienes no pueden beneficiarse de los resultados del proyecto.

Como consecuencia de esto, en la fase de identificación del proyecto se tendrá que tener muy en cuenta a los beneficiarios del mismo, pero también, en la medida de lo posible, a todos aquellos cuya realización le pueda afectar en un sentido u otro.

En la práctica, sería adecuado conocer:

  • De los beneficiarios directos
    • Número y características de los mismos
    • Representatividad, heterogeneidad y cohesión
    • Nivel de capacidad técnica y organizativa
    • Contexto sociocultural, valores y creencias
    • Características de los posibles grupos de opinión y de presión existentes en su seno
    • Grado de identificación y vinculación con el proyecto
    • Proceso habitual que utilizan para la toma de sus decisiones y alcance de su capacidad operacional a futuro
  • De los beneficiarios indirectos
    • Ámbito cuantitativo y concreción del beneficio que podrían obtener
    • Expectativas que puedan generarse y movimientos o reorganizaciones en torno al proyecto con sus posibles efectos positivos y negativos
  • En cuanto a los posibles perjudicados
    • Ámbito cuantitativo y cualitativo
    • Perjuicios más significativos
    • Posibles reacciones de los mismos a la puesta en marcha del proyecto y repercusiones sobre él


Estos últimos, los perjudicados por la puesta en marcha de un proyecto, suelen ser los excluidos de los excluidos, pues habitualmente no se les tiene en cuenta ni en la fase de identificación del mismo; quizás por entenderse que es un aspecto negativo de la puesta en marcha de un proyecto y, por lo tanto, preferible ignorar. No debemos hacerlo, ya no sólo por nuestras propias obligaciones frente a ellos, sino porque el no abordar esa realidad puede dar lugar a situaciones difíciles de contrarrestar y que se pueden traducir en graves alteraciones en el desarrollo y puesta en marcha del ansiado proyecto que debe beneficiar a otros.

 
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