Los proyectos solidarios, por lo tanto, se circunscriben en la práctica a áreas concretas de actuación que se encuentran perfectamente definidas por las estrategias de las propias zonas receptoras de las ayudas y la de las entidades donantes.
Estrategias que suele estar concretadas en normas jurídicas y en documentos en los que se definen las líneas maestras y los criterios que han de inspirar las actuaciones, así como los sectores y zonas que se consideran prioritarios.
Todo ello hace necesario definir ámbitos conjuntos de actuación para racionalizar el esfuerzo y potenciar el impacto de los proyectos.
La definición de este marco de actuación, en el que posteriormente se situará cualquier proyecto, constituye el ámbito general de planificación y constituye su fase de programación previa.

En definitiva, nos guste o no, un proyecto no es si no la unidad operativa menor en la que se concreta finalmente una política de desarrollo o estrategia de cooperación internacional, como se puede ver en el gráfico adjunto.
En cualquier caso, la situación de partida más aceptable para el éxito de un proyecto se da cuando convergen todas las perspectivas de los actores que en él pueden intervenir, y en especial las derivadas de la planificación y las derivadas de las necesidades concretas de un grupo humano determinado. Si esa convergencia es plena existe el escenario óptimo para el inicio del proyecto.
A partir de ese momento puede surgir la duda, a efectos prácticos, de saber si el punto de partida del proyecto es la existencia de un problema o la existencia de un grupo humano que lo padece. Sobre todo para seguir dando los siguientes pasos. La respuesta a ese problema puede ser más que evidente: el origen del proyecto debe de estar precisamente en la conjunción de la existencia de un problema concreto y de unas personas determinadas que lo padecen. No puede existir una cosa sin la otra. La intersección de ambos es el punto de partida y no otro.
Eso hace que a partir del análisis de un problema que afecta a un grupo se pueda ir avanzando a lo largo del ciclo del proyecto, planteando hipótesis de trabajo, analizándolas, contrastándolas y confirmándolas o modificándolas hasta la total vertebración de la estructura del proyecto.
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